Atarcede

lunes, 11 de agosto de 2008

Es raro escribir sobre los atardeceres, porque tendría que escribir sobre otras cosas para describirlos. Tendría que hablar de sensaciones, de colores y de sonidos.
Pero tampoco es lo más importante. Lo importante es que otra vez vuelven a tener vida para mí, después de más de 15 años.
Otra vez vuelven a sonar a acorde menor con séptima, como canción suave de los setenta, una mezcla entre placer y melancolía. Y tal vez es porque se despide el día diciéndote que se acaba y no vuelve más y que no te puedes quedar con los momentos. O más bien no te puedes quedar en los momentos.
Las mañanas suenan como a un acorde mayor. Normalmente me encuentro con el amanecer manejando a Porco y en esta época se ve muy lindo el cerro El Plomo; está nevado y el glaciar apenas brilla en la mañana.
Pero el atardecer se parece más a mí. Se parece más a las canciones que me gustan y no sé que más tiene pero sin duda es inefable.

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