Cuando nos enamoramos pensamos que él o ella son diferentes, especiales, distintos al resto de los mortales, llenos de cualidades.
A pesar de que llenas mis pensamientos hace mucho tiempo nunca he querido valorarte y sé que eres más que la belleza que todos ven en ti. Antes de este agosto nunca te había dado nada sin culpa y es la primera vez que no te lanzo un regalo. No me he permitido quererete, no me he permitido sentir algo cálido por ti. Sólo he pensado y pensado.
Un día pedí un deseo imposible a una estrella fugaz. Me refiero a algo que quería y a un trozo de una cosa extraterreste que se quemó en la atmosfera; no estoy hablando de una metáfora. Pedí un deseo imposible y tal vez tenía once años, pero era imposible así que no se cumplió en ese momento. Pasaron muchas cosas y más de veinte años ( de verdad más de veinte) y tal vez olvidé que era imposible y se cumplió: Angela, Angelo y Franco conversaron conmigo.
¿Y qué pediría ahora, acaso otro imposible? Ya nada me parece imposible, sin embargo en este catálogo infinito no sé qué pedir. Mientras escucho la increíble voz de Antonella Ruggiero tengo una leve idea por dónde empezar.
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